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¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte. 
De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.
Al aroma de la buena cocina, se sentaron un montón de señoras que tomaron nota con detalle de todo lo que ellos explicaban.
Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades. ¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte. 
De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.
Al aroma de la buena cocina, se sentaron un montón de señoras que tomaron nota con detalle de todo lo que ellos explicaban.
Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades. ¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte. 
De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.
Al aroma de la buena cocina, se sentaron un montón de señoras que tomaron nota con detalle de todo lo que ellos explicaban.
Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades. ¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte. 
De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.
Al aroma de la buena cocina, se sentaron un montón de señoras que tomaron nota con detalle de todo lo que ellos explicaban.
Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades. ¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte. 
De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.
Al aroma de la buena cocina, se sentaron un montón de señoras que tomaron nota con detalle de todo lo que ellos explicaban.
Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades. ¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte. 
De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.
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Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades. ¡Vamos a la plaza!
Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.
El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
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El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
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Tere, la encantadora señora del bar, preparó un barreño gigante de limonada (con vino blanco) que distribuimos a todos los clientes y por supuesto a todos los trabajadores del mercado.
Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
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El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.
Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!. 
El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados. 
A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.
Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.
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Al aroma de la buena cocina, se sentaron un montón de señoras que tomaron nota con detalle de todo lo que ellos explicaban.
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Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.
Según me cuentan (por desgracia me lo perdí) la cosa acabó en gran comida popular en medio de la plaza central. Lo cual confirma que mientras en Madrid hay otras realidades.

¡Vamos a la plaza!

Como Madrid es una ciudad de contrastes, el mismo fin de semana en que fui a visitar el “Delicatessen Público de San Antón de Chueca” estuve colaborando, en lo que pude, con las gentes guerreras de Plataforma por la defensa de los mercados tradicionales, que organizaron una actividad preciosa en el Mercado de San Fernando llamada ¡Vamos a la plaza! y en la que participaron entre otros la Asociación Nacional de panaderos y Slow Food.

El Mercado de San Fernando es un caso claro del deterioro y cierto abandono que sufren los mercados de Madrid y sobre todo son ejemplo de comerciantes preocupados por sobrevivir, sin tener que ceder a que una gran superficie se les instale como vecinos y les salve del cierre al mismo tiempo que les devora.

Pero lo que yo venía a contar aquí es lo bonito que fue ¡Vamos a la Plaza!.

El viernes, el patio central del mercado se llenó de niños que aprendieron a hacer pan mientras los mayores degustábamos la gran variedad de panes, que estaban presentados en uno de los puestos que ya no están ocupados.

A su vez, un puesto contiguo, que tampoco está ya en uso, se convirtió en improvisada galería donde colgamos el precioso trabajo fotográfico que Ana Marrero ha ido haciendo durante años, en mercados de diferentes partes del mundo.

Esa misma tarde, ya se oían voces de señoras diciendo que hacía años que no veían tanta alegría en ese mercado y muchos de los tenderos salieron de sus puestos para observar, con una sonrisa, como los niños amasaban y ver también con satisfacción que su mercado salía en dos de las fotografías.

Pero lo mejor vino el sábado. Para empezar a ambientar, se proyectó un documental de Pesca Sostenible en otro puesto en desuso que sirvió de buen soporte.

De la mano de Slow Fish llegaron a media mañana los cocineros y en el puesto donde ayer había panes hoy había peces.

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Y ya se sabe… con la boca llena y un poquito de vino blanco el ánimo se viene arriba, las señoras fascinadas, los tenderos sonrientes y los colaboradores encantados de haber podido ayudar a que el mercado de San Fernando tuviera un poco más de luz, aunque fuera por fin de semana.

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