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La virgen de Tabacalera
Ayer  volví a verla. Delicada, atenta al viandante y envejeciendo bellamente con mucha paciencia. Antes, entre cientos de rosas se entrelazaban sus trenzas como enredaderas, pero el óxido ya casi solo deja ver su rostro.
Ha conseguido que su presencia intimide a los pega-carteles que por ahí ambulan y lleva casi un año siendo la reina de la variopinta glorieta de Embajadores.
Esta obra callejera que custodia una de las puertas de Tabacalera les fue regalada por una artista colombiana llamada Bastardilla, que también ha dejado su huella en otros lugares de Lavapiés.
Investigando un poco más sobre su trabajo, comprendo ya porque me atrae tanto. Su mezcla de estética latina a lo Frida Kalho, una ornamentación digna de Gustav Klimt y la sensibilidad femenina que impregna todas sus “pintadas” me inspiran inquietud y ternura a partes iguales.
Por eso, no es de extrañar que su exquisita firma sean los trazos que forman un colibrí. La virgen de Tabacalera
Ayer  volví a verla. Delicada, atenta al viandante y envejeciendo bellamente con mucha paciencia. Antes, entre cientos de rosas se entrelazaban sus trenzas como enredaderas, pero el óxido ya casi solo deja ver su rostro.
Ha conseguido que su presencia intimide a los pega-carteles que por ahí ambulan y lleva casi un año siendo la reina de la variopinta glorieta de Embajadores.
Esta obra callejera que custodia una de las puertas de Tabacalera les fue regalada por una artista colombiana llamada Bastardilla, que también ha dejado su huella en otros lugares de Lavapiés.
Investigando un poco más sobre su trabajo, comprendo ya porque me atrae tanto. Su mezcla de estética latina a lo Frida Kalho, una ornamentación digna de Gustav Klimt y la sensibilidad femenina que impregna todas sus “pintadas” me inspiran inquietud y ternura a partes iguales.
Por eso, no es de extrañar que su exquisita firma sean los trazos que forman un colibrí. La virgen de Tabacalera
Ayer  volví a verla. Delicada, atenta al viandante y envejeciendo bellamente con mucha paciencia. Antes, entre cientos de rosas se entrelazaban sus trenzas como enredaderas, pero el óxido ya casi solo deja ver su rostro.
Ha conseguido que su presencia intimide a los pega-carteles que por ahí ambulan y lleva casi un año siendo la reina de la variopinta glorieta de Embajadores.
Esta obra callejera que custodia una de las puertas de Tabacalera les fue regalada por una artista colombiana llamada Bastardilla, que también ha dejado su huella en otros lugares de Lavapiés.
Investigando un poco más sobre su trabajo, comprendo ya porque me atrae tanto. Su mezcla de estética latina a lo Frida Kalho, una ornamentación digna de Gustav Klimt y la sensibilidad femenina que impregna todas sus “pintadas” me inspiran inquietud y ternura a partes iguales.
Por eso, no es de extrañar que su exquisita firma sean los trazos que forman un colibrí.

La virgen de Tabacalera

Ayer  volví a verla. Delicada, atenta al viandante y envejeciendo bellamente con mucha paciencia. Antes, entre cientos de rosas se entrelazaban sus trenzas como enredaderas, pero el óxido ya casi solo deja ver su rostro.

Ha conseguido que su presencia intimide a los pega-carteles que por ahí ambulan y lleva casi un año siendo la reina de la variopinta glorieta de Embajadores.

Esta obra callejera que custodia una de las puertas de Tabacalera les fue regalada por una artista colombiana llamada Bastardilla, que también ha dejado su huella en otros lugares de Lavapiés.

Investigando un poco más sobre su trabajo, comprendo ya porque me atrae tanto. Su mezcla de estética latina a lo Frida Kalho, una ornamentación digna de Gustav Klimt y la sensibilidad femenina que impregna todas sus “pintadas” me inspiran inquietud y ternura a partes iguales.

Por eso, no es de extrañar que su exquisita firma sean los trazos que forman un colibrí.

  1. buscandoagwendolyne ha publicado esto