Latest Tweet

PIscinas das mares
Aún no había cumplido los 30, cuando Álvaro Siza recibió el encargo de la Cámara Municipal de su pueblo, Matoshinos, para hacer unas piscinas a pie del mar. 
El encargo respondía a la necesidad de crear un espacio tranquilo y seguro para que los bañistas pudieran disfrutar de ese Atlántico tan helador y violento en algunas ocasiones. 
Así, se inició un proyecto en que arquitecto y naturaleza quedaban cara a cara con el desafío de llevarse bien y de entenderse hasta el punto de hacer que el Océano, encerrado entre paredes no enfureciera.
Planeó líneas rectas y limpias, roca natural y cemento y fundió el horizonte con el borde, creando ese efecto de infinity pool que casi 50 años después está tan en boga. 
El resultado es una obra hecha como sin esfuerzo, como surgida de forma natural y es que la integración y la limpieza son tal, que una vez dentro, cuesta distinguir el entorno de la mano de Siza.
No me digáis que no os dan ganas de pasar todos los veranos en las piscinas de Matoshinos…

PIscinas das mares

Aún no había cumplido los 30, cuando Álvaro Siza recibió el encargo de la Cámara Municipal de su pueblo, Matoshinos, para hacer unas piscinas a pie del mar.

El encargo respondía a la necesidad de crear un espacio tranquilo y seguro para que los bañistas pudieran disfrutar de ese Atlántico tan helador y violento en algunas ocasiones.

Así, se inició un proyecto en que arquitecto y naturaleza quedaban cara a cara con el desafío de llevarse bien y de entenderse hasta el punto de hacer que el Océano, encerrado entre paredes no enfureciera.

Planeó líneas rectas y limpias, roca natural y cemento y fundió el horizonte con el borde, creando ese efecto de infinity pool que casi 50 años después está tan en boga.

El resultado es una obra hecha como sin esfuerzo, como surgida de forma natural y es que la integración y la limpieza son tal, que una vez dentro, cuesta distinguir el entorno de la mano de Siza.

No me digáis que no os dan ganas de pasar todos los veranos en las piscinas de Matoshinos…

Miss’Opo

Este espacio multifuncional en el centro de Oporto es un sobresaliente al buen gusto. La convivencia de lo rudo y lo delicado traducidos en un exquisita combinación de cemento, el metal, madera y plantas naturales consigue que sea tremendamente atractivo a nivel visual.

Desde fuera aparenta ser oscuro y algo frío pero un vez dentro irradia creatividad y estudiada modernidad en cada foco que ilumina los muebles antiguos, los mantelitos de ganchillo y los libros viejos.
Su cocina sencilla y muy gustosa queda perfectamente resumida en uno de sus platos llamado Assim é a vida… aceite, sal, huevo, el tomate más sabroso de la huerta y las mejores sardinas de lata. Así, sin más ni menos, simple y delicioso como la propia filosofía de este sitio imperdible.image

image

image

Los días largos
Llega el verano, la luz, el color y los días largos y con él, la necesidad de vivir en la calle, la energía para hacer miles cosas y la inquietud de no querer perder ni un minuto de esta estación que siempre se me hace demasiado corta. 
¡A disfrutarlo!

Los días largos

Llega el verano, la luz, el color y los días largos y con él, la necesidad de vivir en la calle, la energía para hacer miles cosas y la inquietud de no querer perder ni un minuto de esta estación que siempre se me hace demasiado corta. 

¡A disfrutarlo!

Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces. Amor en el parque de atracciones
Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa. 
Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo. 
Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces.

Amor en el parque de atracciones

Como dictaban las películas americanas de los 90, todas hemos soñado alguna vez con enamorarnos de un chico muy rubio, con ojos muy azules y dientes muy brillantes en un parque de atracciones a la orilla de la playa.

Santa Cruz, en California, es ese sitio. Es ese lugar capaz de hacerte sentir el protagonista de tu propia película en solo unos segundos. Tiene todos los ingredientes: sol, colores vivos, carrusel, noria y hasta una máquina con pitonisa donde, al igual que hacía Tom Hanks en Big, echando una monedita puedes pedir un deseo.

Al contrario que Josh, el protagonista de esa película, mi deseo para la fortune teller habría sido volver a tener 15 años para disfrutar de nuevo de veranos eternos en los que vivir historias de amor tan emocionantes como los que teníamos entonces.

Estoy enamorada
¡Ay el Matadero!, cada vez me gusta más… Me sabe a domingos bien aprovechados, a exposiciones diferentes, a música en directo y a cañas en su plaza.
Está tomado cuerpo y en este momento en el que parece que no queda ni un céntimo para continuar con nada, aquí siguen pasando cosas y se siguen abriendo naves.
Espero de verdad que la apuesta continúe en los próximos años porque a este Madrid cada vez más rancio y apagado le hacen falta vías de escape y movimiento como este espacio.
Seguiremos informando Estoy enamorada
¡Ay el Matadero!, cada vez me gusta más… Me sabe a domingos bien aprovechados, a exposiciones diferentes, a música en directo y a cañas en su plaza.
Está tomado cuerpo y en este momento en el que parece que no queda ni un céntimo para continuar con nada, aquí siguen pasando cosas y se siguen abriendo naves.
Espero de verdad que la apuesta continúe en los próximos años porque a este Madrid cada vez más rancio y apagado le hacen falta vías de escape y movimiento como este espacio.
Seguiremos informando Estoy enamorada
¡Ay el Matadero!, cada vez me gusta más… Me sabe a domingos bien aprovechados, a exposiciones diferentes, a música en directo y a cañas en su plaza.
Está tomado cuerpo y en este momento en el que parece que no queda ni un céntimo para continuar con nada, aquí siguen pasando cosas y se siguen abriendo naves.
Espero de verdad que la apuesta continúe en los próximos años porque a este Madrid cada vez más rancio y apagado le hacen falta vías de escape y movimiento como este espacio.
Seguiremos informando Estoy enamorada
¡Ay el Matadero!, cada vez me gusta más… Me sabe a domingos bien aprovechados, a exposiciones diferentes, a música en directo y a cañas en su plaza.
Está tomado cuerpo y en este momento en el que parece que no queda ni un céntimo para continuar con nada, aquí siguen pasando cosas y se siguen abriendo naves.
Espero de verdad que la apuesta continúe en los próximos años porque a este Madrid cada vez más rancio y apagado le hacen falta vías de escape y movimiento como este espacio.
Seguiremos informando Estoy enamorada
¡Ay el Matadero!, cada vez me gusta más… Me sabe a domingos bien aprovechados, a exposiciones diferentes, a música en directo y a cañas en su plaza.
Está tomado cuerpo y en este momento en el que parece que no queda ni un céntimo para continuar con nada, aquí siguen pasando cosas y se siguen abriendo naves.
Espero de verdad que la apuesta continúe en los próximos años porque a este Madrid cada vez más rancio y apagado le hacen falta vías de escape y movimiento como este espacio.
Seguiremos informando

Estoy enamorada

¡Ay el Matadero!, cada vez me gusta más… Me sabe a domingos bien aprovechados, a exposiciones diferentes, a música en directo y a cañas en su plaza.

Está tomado cuerpo y en este momento en el que parece que no queda ni un céntimo para continuar con nada, aquí siguen pasando cosas y se siguen abriendo naves.

Espero de verdad que la apuesta continúe en los próximos años porque a este Madrid cada vez más rancio y apagado le hacen falta vías de escape y movimiento como este espacio.

Seguiremos informando

Los predicadores
Cada vez que veo alguna de la conferencias de TED, las presentaciones que hacía Steve Jobs o al propio Obama en comparecencia pública, me surge la pregunta de si la diferencia abismal que hay entre europeos y americanos a la hora de comunicar es algo histórico, cultural o incluso moral. Por qué ellos son capaces de conectar al instante, mantener la atención y deslumbrar con su imbatible efecto sorpresa y nosotros solemos ser densos y distantes cuando nos ponen ante el público. Esta cuestión me ha vuelto a surgir al pasar por una plaza mucho más difícil que la de una rueda de prensa o la de un foro ávido de escuchar nuevas ideas, la Puerta del Sol.
Cada día sobre las 15h un grupo de jóvenes reparten postales con diferentes temáticas y textos breves que hablan de situaciones comunes. No hablan de panes y peces o de ciegos que recuperan la vista sino de tecnología, del culto al cuerpo o de Facebook. Cuando cae la tarde uno de ellos se sube sobre la caja roja, que les ha dado el nombre, con algún elemento cotidiano en las manos y en tono profundo y vehemente alza la voz hasta que captan la atención de algunos de los viandantes.
Yo he sido espectadora en varias ocasiones porque no puedo evitar escuchar a alguien que muestra creer tan profundamente en lo que está contando. No es el contenido de lo que dicen lo que me atrae, ya que me desapunté de ese club hace años, pero sí la forma.
Me resulta muy interesante la manera en la que bajan al terreno, en la que hablan más de lo humano que de lo divino, con argumentos que no juzgan ni castigan, con ímpetu pero sin boato y sobre todo sin la eterna vergüenza mediterránea que invita a ocultar nuestros valores por si son contrarios a los del prójimo.
Es sin duda la facilidad para acercarse y la identificación que se crea cuando quien te habla confiesa haber cometido errores igual que tú, lo que hace que la gente se quede a escucharlos.  
Luego ya si el mensaje cala o no, es un camino más largo y profundo pero el primer impacto lo consiguen seguro y eso, en los tiempos ateos que corren, es digno de envidiar. Los predicadores
Cada vez que veo alguna de la conferencias de TED, las presentaciones que hacía Steve Jobs o al propio Obama en comparecencia pública, me surge la pregunta de si la diferencia abismal que hay entre europeos y americanos a la hora de comunicar es algo histórico, cultural o incluso moral. Por qué ellos son capaces de conectar al instante, mantener la atención y deslumbrar con su imbatible efecto sorpresa y nosotros solemos ser densos y distantes cuando nos ponen ante el público. Esta cuestión me ha vuelto a surgir al pasar por una plaza mucho más difícil que la de una rueda de prensa o la de un foro ávido de escuchar nuevas ideas, la Puerta del Sol.
Cada día sobre las 15h un grupo de jóvenes reparten postales con diferentes temáticas y textos breves que hablan de situaciones comunes. No hablan de panes y peces o de ciegos que recuperan la vista sino de tecnología, del culto al cuerpo o de Facebook. Cuando cae la tarde uno de ellos se sube sobre la caja roja, que les ha dado el nombre, con algún elemento cotidiano en las manos y en tono profundo y vehemente alza la voz hasta que captan la atención de algunos de los viandantes.
Yo he sido espectadora en varias ocasiones porque no puedo evitar escuchar a alguien que muestra creer tan profundamente en lo que está contando. No es el contenido de lo que dicen lo que me atrae, ya que me desapunté de ese club hace años, pero sí la forma.
Me resulta muy interesante la manera en la que bajan al terreno, en la que hablan más de lo humano que de lo divino, con argumentos que no juzgan ni castigan, con ímpetu pero sin boato y sobre todo sin la eterna vergüenza mediterránea que invita a ocultar nuestros valores por si son contrarios a los del prójimo.
Es sin duda la facilidad para acercarse y la identificación que se crea cuando quien te habla confiesa haber cometido errores igual que tú, lo que hace que la gente se quede a escucharlos.  
Luego ya si el mensaje cala o no, es un camino más largo y profundo pero el primer impacto lo consiguen seguro y eso, en los tiempos ateos que corren, es digno de envidiar.

Los predicadores

Cada vez que veo alguna de la conferencias de TED, las presentaciones que hacía Steve Jobs o al propio Obama en comparecencia pública, me surge la pregunta de si la diferencia abismal que hay entre europeos y americanos a la hora de comunicar es algo histórico, cultural o incluso moral. Por qué ellos son capaces de conectar al instante, mantener la atención y deslumbrar con su imbatible efecto sorpresa y nosotros solemos ser densos y distantes cuando nos ponen ante el público.

Esta cuestión me ha vuelto a surgir al pasar por una plaza mucho más difícil que la de una rueda de prensa o la de un foro ávido de escuchar nuevas ideas, la Puerta del Sol.

Cada día sobre las 15h un grupo de jóvenes reparten postales con diferentes temáticas y textos breves que hablan de situaciones comunes. No hablan de panes y peces o de ciegos que recuperan la vista sino de tecnología, del culto al cuerpo o de Facebook. Cuando cae la tarde uno de ellos se sube sobre la caja roja, que les ha dado el nombre, con algún elemento cotidiano en las manos y en tono profundo y vehemente alza la voz hasta que captan la atención de algunos de los viandantes.

Yo he sido espectadora en varias ocasiones porque no puedo evitar escuchar a alguien que muestra creer tan profundamente en lo que está contando. No es el contenido de lo que dicen lo que me atrae, ya que me desapunté de ese club hace años, pero sí la forma.

Me resulta muy interesante la manera en la que bajan al terreno, en la que hablan más de lo humano que de lo divino, con argumentos que no juzgan ni castigan, con ímpetu pero sin boato y sobre todo sin la eterna vergüenza mediterránea que invita a ocultar nuestros valores por si son contrarios a los del prójimo.

Es sin duda la facilidad para acercarse y la identificación que se crea cuando quien te habla confiesa haber cometido errores igual que tú, lo que hace que la gente se quede a escucharlos. 

Luego ya si el mensaje cala o no, es un camino más largo y profundo pero el primer impacto lo consiguen seguro y eso, en los tiempos ateos que corren, es digno de envidiar.

Tiempos modernos
Detrás de esa pequeña puerta roja se adivina un negocio tradicional de los que ya no quedan. 
Cabría hablar de paredes que dejan patente su historia, del taller que amablemente nos enseñaron, de artesanía, de paciencia, de las cosas hechas con cariño y del padre que dejó este oficio a sus hijos. 
Pero lo que realmente me admira es cómo han llegado a ser paradigma de modernidad vendiendo algo que podría parecer tan caduco como una bota de vino. Lejos de dejarse arrastrar por los “tiempos modernos” y quedarse lamentando porque su producto artesano ya no encaja en este mundo, han sabido adaptarse con una naturalidad envidiable. 
Aunque ya no vamos a comer al campo, ni a merendar a los toros y en las fiestas de pueblo se bebe de todo menos vino, los Domingo han aprovechado sabiamente este cambio de costumbres. 
Han ampliado su catálogo con botas de todos los colores adaptadas a cualquier bebida, se hace realmente dificil elegir una, y ya reciben pedidos desde Japón a través de su tienda online.
Es esperanzador ver que siguen en marcha manteniendo la esencia del negocio familiar, aunque seguro que el señor Valentín nunca hubiera imaginado que una urbanita como yo, tuviera pensado llevar su bota azul, llena de mojito fresco, a un festival de música al que voy a ir en primavera. Tiempos modernos
Detrás de esa pequeña puerta roja se adivina un negocio tradicional de los que ya no quedan. 
Cabría hablar de paredes que dejan patente su historia, del taller que amablemente nos enseñaron, de artesanía, de paciencia, de las cosas hechas con cariño y del padre que dejó este oficio a sus hijos. 
Pero lo que realmente me admira es cómo han llegado a ser paradigma de modernidad vendiendo algo que podría parecer tan caduco como una bota de vino. Lejos de dejarse arrastrar por los “tiempos modernos” y quedarse lamentando porque su producto artesano ya no encaja en este mundo, han sabido adaptarse con una naturalidad envidiable. 
Aunque ya no vamos a comer al campo, ni a merendar a los toros y en las fiestas de pueblo se bebe de todo menos vino, los Domingo han aprovechado sabiamente este cambio de costumbres. 
Han ampliado su catálogo con botas de todos los colores adaptadas a cualquier bebida, se hace realmente dificil elegir una, y ya reciben pedidos desde Japón a través de su tienda online.
Es esperanzador ver que siguen en marcha manteniendo la esencia del negocio familiar, aunque seguro que el señor Valentín nunca hubiera imaginado que una urbanita como yo, tuviera pensado llevar su bota azul, llena de mojito fresco, a un festival de música al que voy a ir en primavera. Tiempos modernos
Detrás de esa pequeña puerta roja se adivina un negocio tradicional de los que ya no quedan. 
Cabría hablar de paredes que dejan patente su historia, del taller que amablemente nos enseñaron, de artesanía, de paciencia, de las cosas hechas con cariño y del padre que dejó este oficio a sus hijos. 
Pero lo que realmente me admira es cómo han llegado a ser paradigma de modernidad vendiendo algo que podría parecer tan caduco como una bota de vino. Lejos de dejarse arrastrar por los “tiempos modernos” y quedarse lamentando porque su producto artesano ya no encaja en este mundo, han sabido adaptarse con una naturalidad envidiable. 
Aunque ya no vamos a comer al campo, ni a merendar a los toros y en las fiestas de pueblo se bebe de todo menos vino, los Domingo han aprovechado sabiamente este cambio de costumbres. 
Han ampliado su catálogo con botas de todos los colores adaptadas a cualquier bebida, se hace realmente dificil elegir una, y ya reciben pedidos desde Japón a través de su tienda online.
Es esperanzador ver que siguen en marcha manteniendo la esencia del negocio familiar, aunque seguro que el señor Valentín nunca hubiera imaginado que una urbanita como yo, tuviera pensado llevar su bota azul, llena de mojito fresco, a un festival de música al que voy a ir en primavera. Tiempos modernos
Detrás de esa pequeña puerta roja se adivina un negocio tradicional de los que ya no quedan. 
Cabría hablar de paredes que dejan patente su historia, del taller que amablemente nos enseñaron, de artesanía, de paciencia, de las cosas hechas con cariño y del padre que dejó este oficio a sus hijos. 
Pero lo que realmente me admira es cómo han llegado a ser paradigma de modernidad vendiendo algo que podría parecer tan caduco como una bota de vino. Lejos de dejarse arrastrar por los “tiempos modernos” y quedarse lamentando porque su producto artesano ya no encaja en este mundo, han sabido adaptarse con una naturalidad envidiable. 
Aunque ya no vamos a comer al campo, ni a merendar a los toros y en las fiestas de pueblo se bebe de todo menos vino, los Domingo han aprovechado sabiamente este cambio de costumbres. 
Han ampliado su catálogo con botas de todos los colores adaptadas a cualquier bebida, se hace realmente dificil elegir una, y ya reciben pedidos desde Japón a través de su tienda online.
Es esperanzador ver que siguen en marcha manteniendo la esencia del negocio familiar, aunque seguro que el señor Valentín nunca hubiera imaginado que una urbanita como yo, tuviera pensado llevar su bota azul, llena de mojito fresco, a un festival de música al que voy a ir en primavera.

Tiempos modernos

Detrás de esa pequeña puerta roja se adivina un negocio tradicional de los que ya no quedan.

Cabría hablar de paredes que dejan patente su historia, del taller que amablemente nos enseñaron, de artesanía, de paciencia, de las cosas hechas con cariño y del padre que dejó este oficio a sus hijos.

Pero lo que realmente me admira es cómo han llegado a ser paradigma de modernidad vendiendo algo que podría parecer tan caduco como una bota de vino. Lejos de dejarse arrastrar por los “tiempos modernos” y quedarse lamentando porque su producto artesano ya no encaja en este mundo, han sabido adaptarse con una naturalidad envidiable.

Aunque ya no vamos a comer al campo, ni a merendar a los toros y en las fiestas de pueblo se bebe de todo menos vino, los Domingo han aprovechado sabiamente este cambio de costumbres.

Han ampliado su catálogo con botas de todos los colores adaptadas a cualquier bebida, se hace realmente dificil elegir una, y ya reciben pedidos desde Japón a través de su tienda online.

Es esperanzador ver que siguen en marcha manteniendo la esencia del negocio familiar, aunque seguro que el señor Valentín nunca hubiera imaginado que una urbanita como yo, tuviera pensado llevar su bota azul, llena de mojito fresco, a un festival de música al que voy a ir en primavera.

Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito. Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito. Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito. Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito. Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito. Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito. Escritores urbanos
Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles . Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.
Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito.

Escritores urbanos

Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.

Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles .

Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.

Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?

Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.

Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito.

Nosotras
Inevitablemente habíamos entrado en ese bucle sin fin de salir muy tarde y de llegar también tarde. Llegábamos corriendo y sin desayunar, por eso todos los días sobre las diez nos escapábamos las cuatro a nuestro refugio secreto.
Olivia es un lugar de gente guapa, como nosotras, muy femenino, como nosotras, con decoración e iluminación cálida, como nosotras, y de ambiente tranquilo y poco ruidoso. Probablemente por esto último nos gustaba, porque en eso es todo lo contrario a nosotras. Pedíamos nuestro café y nuestro pan, lo poníamos a tostar, cada una a su gusto, en las tostadoras retro que hay encima de la mesa que compartíamos con otra gente, y en menos de un minuto estábamos arreglando el mundo. Entre sorbos hablábamos de amor, de trabajo (mucho) y de proyectos personales aún sin diseñar pero que seguro algún día intentaríamos. Eran conversaciones atropelladas y llenas de desasosiego y que ahora vistas con el tiempo, fueron mucho más fructíferas de lo que pensábamos. La mayoría de los planes nunca llegaron a ser, pero algunos otros que sí llevamos a cabo se fraguaron allí sin que nosotras mismas lo supiéramos.Después vinieron tiempos revueltos, tomamos diferentes caminos y nunca más nos escapamos de la agencia para desayunar juntas, pero aún seguimos compartiendo confidencias y viendo como hemos ido consiguiendo algunas de las cosas que Olivia con su aroma a violetas nos ayudó a imaginar.
Aquellos cambios me empujaron, entre otras cosas, a escribir este blog.
Tuve mil dudas de cómo empezarlo, me parecía imposible que durara… pero en contra todo pronóstico ayer hizo 1 AÑO.

Gracias Ana, Carmen y Amaya por escuchar siempre.  Nosotras
Inevitablemente habíamos entrado en ese bucle sin fin de salir muy tarde y de llegar también tarde. Llegábamos corriendo y sin desayunar, por eso todos los días sobre las diez nos escapábamos las cuatro a nuestro refugio secreto.
Olivia es un lugar de gente guapa, como nosotras, muy femenino, como nosotras, con decoración e iluminación cálida, como nosotras, y de ambiente tranquilo y poco ruidoso. Probablemente por esto último nos gustaba, porque en eso es todo lo contrario a nosotras. Pedíamos nuestro café y nuestro pan, lo poníamos a tostar, cada una a su gusto, en las tostadoras retro que hay encima de la mesa que compartíamos con otra gente, y en menos de un minuto estábamos arreglando el mundo. Entre sorbos hablábamos de amor, de trabajo (mucho) y de proyectos personales aún sin diseñar pero que seguro algún día intentaríamos. Eran conversaciones atropelladas y llenas de desasosiego y que ahora vistas con el tiempo, fueron mucho más fructíferas de lo que pensábamos. La mayoría de los planes nunca llegaron a ser, pero algunos otros que sí llevamos a cabo se fraguaron allí sin que nosotras mismas lo supiéramos.Después vinieron tiempos revueltos, tomamos diferentes caminos y nunca más nos escapamos de la agencia para desayunar juntas, pero aún seguimos compartiendo confidencias y viendo como hemos ido consiguiendo algunas de las cosas que Olivia con su aroma a violetas nos ayudó a imaginar.
Aquellos cambios me empujaron, entre otras cosas, a escribir este blog.
Tuve mil dudas de cómo empezarlo, me parecía imposible que durara… pero en contra todo pronóstico ayer hizo 1 AÑO.

Gracias Ana, Carmen y Amaya por escuchar siempre. 

Nosotras

Inevitablemente habíamos entrado en ese bucle sin fin de salir muy tarde y de llegar también tarde. Llegábamos corriendo y sin desayunar, por eso todos los días sobre las diez nos escapábamos las cuatro a nuestro refugio secreto.


Olivia es un lugar de gente guapa, como nosotras, muy femenino, como nosotras, con decoración e iluminación cálida, como nosotras, y de ambiente tranquilo y poco ruidoso. Probablemente por esto último nos gustaba, porque en eso es todo lo contrario a nosotras.

Pedíamos nuestro café y nuestro pan, lo poníamos a tostar, cada una a su gusto, en las tostadoras retro que hay encima de la mesa que compartíamos con otra gente, y en menos de un minuto estábamos arreglando el mundo.

Entre sorbos hablábamos de amor, de trabajo (mucho) y de proyectos personales aún sin diseñar pero que seguro algún día intentaríamos. Eran conversaciones atropelladas y llenas de desasosiego y que ahora vistas con el tiempo, fueron mucho más fructíferas de lo que pensábamos.

La mayoría de los planes nunca llegaron a ser, pero algunos otros que sí llevamos a cabo se fraguaron allí sin que nosotras mismas lo supiéramos.
Después vinieron tiempos revueltos, tomamos diferentes caminos y nunca más nos escapamos de la agencia para desayunar juntas, pero aún seguimos compartiendo confidencias y viendo como hemos ido consiguiendo algunas de las cosas que Olivia con su aroma a violetas nos ayudó a imaginar.


Aquellos cambios me empujaron, entre otras cosas, a escribir este blog.


Tuve mil dudas de cómo empezarlo, me parecía imposible que durara… pero en contra todo pronóstico ayer hizo 1 AÑO.

image

Gracias Ana, Carmen y Amaya por escuchar siempre. 

Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.
Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.
Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.
Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.
Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.
Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.
Donde viven las letras
La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.
Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 
No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.
Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.
Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.
Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 
Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.
La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 
Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.
Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.

Donde viven las letras

La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.

Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 

No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.

Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.

Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.

Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 

Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.

La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 

Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.

Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.