• Posted hace 2 meses

    Cada vez que veo alguna de la conferencias de TED, las presentaciones que hacía Steve Jobs o al propio Obama en comparecencia pública, me surge la pregunta de si la diferencia abismal que hay entre europeos y americanos a la hora de comunicar es algo histórico, cultural o incluso moral. Por qué ellos son capaces de conectar al instante, mantener la atención y deslumbrar con su imbatible efecto sorpresa y nosotros solemos ser densos y distantes cuando nos ponen ante el público.

    Esta cuestión me ha vuelto a surgir al pasar por una plaza mucho más difícil que la de una rueda de prensa o la de un foro ávido de escuchar nuevas ideas, la Puerta del Sol.

    Cada día sobre las 15h un grupo de jóvenes reparten postales con diferentes temáticas y textos breves que hablan de situaciones comunes. No hablan de panes y peces o de ciegos que recuperan la vista sino de tecnología, del culto al cuerpo o de Facebook. Cuando cae la tarde uno de ellos se sube sobre la caja roja, que les ha dado el nombre, con algún elemento cotidiano en las manos y en tono profundo y vehemente alza la voz hasta que captan la atención de algunos de los viandantes.

    Yo he sido espectadora en varias ocasiones porque no puedo evitar escuchar a alguien que muestra creer tan profundamente en lo que está contando. No es el contenido de lo que dicen lo que me atrae, ya que me desapunté de ese club hace años, pero sí la forma.

    Me resulta muy interesante la manera en la que bajan al terreno, en la que hablan más de lo humano que de lo divino, con argumentos que no juzgan ni castigan, con ímpetu pero sin boato y sobre todo sin la eterna vergüenza mediterránea que invita a ocultar nuestros valores por si son contrarios a los del prójimo.

    Es sin duda la facilidad para acercarse y la identificación que se crea cuando quien te habla confiesa haber cometido errores igual que tú, lo que hace que la gente se quede a escucharlos. 

    Luego ya si el mensaje cala o no, es un camino más largo y profundo pero el primer impacto lo consiguen seguro y eso, en los tiempos ateos que corren, es digno de envidiar.

  • Posted hace 3 meses | 2 notas

    Detrás de esa pequeña puerta roja se adivina un negocio tradicional de los que ya no quedan.

    Cabría hablar de paredes que dejan patente su historia, del taller que amablemente nos enseñaron, de artesanía, de paciencia, de las cosas hechas con cariño y del padre que dejó este oficio a sus hijos.

    Pero lo que realmente me admira es cómo han llegado a ser paradigma de modernidad vendiendo algo que podría parecer tan caduco como una bota de vino. Lejos de dejarse arrastrar por los “tiempos modernos” y quedarse lamentando porque su producto artesano ya no encaja en este mundo, han sabido adaptarse con una naturalidad envidiable.

    Aunque ya no vamos a comer al campo, ni a merendar a los toros y en las fiestas de pueblo se bebe de todo menos vino, los Domingo han aprovechado sabiamente este cambio de costumbres.

    Han ampliado su catálogo con botas de todos los colores adaptadas a cualquier bebida, se hace realmente dificil elegir una, y ya reciben pedidos desde Japón a través de su tienda online.

    Es esperanzador ver que siguen en marcha manteniendo la esencia del negocio familiar, aunque seguro que el señor Valentín nunca hubiera imaginado que una urbanita como yo, tuviera pensado llevar su bota azul, llena de mojito fresco, a un festival de música al que voy a ir en primavera.

  • Posted hace 3 meses | 5 notas

    Tengo un conflicto interno entre lo sucio que a veces me parece mi barrio y lo mucho que me gustan las intervenciones espontáneas que la gente hace sobre las paredes.

    Por una parte, veo mil firmas que para mi gusto podrían mejor pintar en las puertas de las casas de sus madres y por otra, arte urbano brillante que da tremenda personalidad a las calles .

    Desde hace unos años aparecen en muchos locales, espectaculares y pagadas obras de arte urbano que cubren por obligación y no por devoción de sus dueños las verjas de cierre. Era la forma de conservar limpia la cara de tu negocio y que no se inundara de firmas de los llamados dentro del mundillo “escritores”. Y digo era porque la norma no escrita solía ser que “un graffitero no pinta sobre otro graffitero”, pero ya no se respetan entre ellos.

    Durante varios días vi a Dourone hacer con máximo detalle las ilustraciones de la perfumería Heleme y pocos días después también vi como alguien las había firmado y tachado. ¿Por qué? ¿Es que el talento de uno molesta a los otros? Siempre he esperado de estos “escritores” un protesta, una ironía, algo de creatividad… ¿Pero qué hay de reivindicación en  firmar con un spray cada 5 metros en toda superficie que está a altura de tu ojos?

    Sé que es difícil, pero me gusta pensar que algún día llegará a existir el buen arte de calle, pagado o no, sin las insustanciales y sucias firmas adjuntas. No pido que se conserven cual obra de Bansky porque para eso están, para desaparecer, pero sí que mientras los servicios de limpieza llegan a quitarlas nos dejen a los demás verlas tal y cómo su autor las pensó.

    Aquí dejo una muestra de algunas que me hicieron pensar, sonreír o que simplemente hacían del espacio urbano un lugar más bonito.

  • Posted hace 4 meses | 1 nota

    Inevitablemente habíamos entrado en ese bucle sin fin de salir muy tarde y de llegar también tarde. Llegábamos corriendo y sin desayunar, por eso todos los días sobre las diez nos escapábamos las cuatro a nuestro refugio secreto.


    Olivia es un lugar de gente guapa, como nosotras, muy femenino, como nosotras, con decoración e iluminación cálida, como nosotras, y de ambiente tranquilo y poco ruidoso. Probablemente por esto último nos gustaba, porque en eso es todo lo contrario a nosotras.

    Pedíamos nuestro café y nuestro pan, lo poníamos a tostar, cada una a su gusto, en las tostadoras retro que hay encima de la mesa que compartíamos con otra gente, y en menos de un minuto estábamos arreglando el mundo.

    Entre sorbos hablábamos de amor, de trabajo (mucho) y de proyectos personales aún sin diseñar pero que seguro algún día intentaríamos. Eran conversaciones atropelladas y llenas de desasosiego y que ahora vistas con el tiempo, fueron mucho más fructíferas de lo que pensábamos.

    La mayoría de los planes nunca llegaron a ser, pero algunos otros que sí llevamos a cabo se fraguaron allí sin que nosotras mismas lo supiéramos.
    Después vinieron tiempos revueltos, tomamos diferentes caminos y nunca más nos escapamos de la agencia para desayunar juntas, pero aún seguimos compartiendo confidencias y viendo como hemos ido consiguiendo algunas de las cosas que Olivia con su aroma a violetas nos ayudó a imaginar.


    Aquellos cambios me empujaron, entre otras cosas, a escribir este blog.


    Tuve mil dudas de cómo empezarlo, me parecía imposible que durara… pero en contra todo pronóstico ayer hizo 1 AÑO.

    Gracias Ana, Carmen y Amaya por escuchar siempre. 

  • Posted hace 5 meses | 14 notas

    La asignatura de Diseño Gráfico, o así creo que se llamaba, que la menuda Raquel Pelta me dió el primer año de carrera, supuso para mi un rayo de luz en un año en el que nada estaba siendo como había imaginado.

    Yo había ido a aprender publicidad y todo lo que nos enseñaban me hacía sentir que no había dejado instituto. 

    No recuerdo bien cómo estaba estructurada la asignatura, ni el temario concreto que tuve que estudiar pero me quedó para siempre el amor por la tipografía que la pelirroja nos transmitió.

    Hablaba con pasión de la importancia de las tipos, de la personalidad que tienen, de quiénes las crean y cómo y sobre todo de la imponente fuerza que tienen en nuestra vida diaria.

    Dos alemanas tan amantes de las letras como ella, decidieron hace unos años rescatar aquellas que llegaron a ser tangibles y que un día ocuparon fachadas y azoteas iluminando las calles con sus luces de colores.

    Jamás nadie imaginaría que en frente de Alexanderplatz, escondido en un pequeño centro comercial de fea arquitectura comunista, se encuentra el Buchstabenmuseum albergando letras de distinta procedencia, estilos y tamaños. 

    Las restauran cuidadosamente y les dan una nueva vida. Mezcladas entre sí se pueden reconocer letras que formaron parte del logotipo de un banco, del nombre de un cine o de una tienda de zapatos.

    La estudiada oscuridad de las salas realza la siempre fascinante luz de neón y hace de este minúsculo museo para nostálgicos un lugar con una atmósfera mágica. 

    Además de la propia exhibición se organizan ponencias y otras actividades. Ese sábado, hablaban sobre la letra S. De haber sabido un mínimo de alemán nos hubiéramos unido a la disertación porque nos quedamos con las ganas de saber qué temas se tratan en una conferencia sobre la curvilínea letra.

    Cuando encuentro este tipo de sitios pienso que solo pueden existir allí, en ese contexto y con esa visión tan personal que tiene esa ciudad. Si Berlín fuera una tipografía sería desde luego una diseñada a su medida, contundente,clara, moderna, polivalente y por supuesto libre, sin serifas.

  • Posted hace 5 meses | 2 notas
    Reconozco que últimamente tengo muchos días raros, quizá demasiados. Me resulta difícil abstraerme del desencanto general, de las 10 veces al día que oigo la palabra crisis y de tener que aguantarme rezando a diario un “Virgencita que me quede como estoy”. Aún sabiendo que puedo parecer egoísta, sigo quejándome y expresando lo que no me gusta, como por otra parte he hecho toda la vida. Además, lo hago conscientemente porque me niego a volverme conformista y a que la “situación” me impida tener aspiraciones para intentar cambiar las cosas que no me hacen feliz.El otro día, me encontré con otro alma inconformista que hizo su pequeña aportación al cambio pegando este cartel en la calle. En esta ya larga temporada de desasosiego, este tipo de gestos me parecen de lo más revolucionario, me suponen una bocanada de aire fresco que me hace sonreír cuando ya no me llega la voz al cuello y sobre todo me hacen pensar que es posible protestar de otra manera. Estoy segura de que quien lo pegó se fue con la media sonrisa del que se sabe ganador, con la certeza de que cada quien cogería su trocito de optimismo. Yo me llevé el mío y lo tengo guardado para los días raros en los que lo necesito. 
Uno no se cambia al positivismo de un día para otro, pero estoy trabajando en ello.Gracias al desconocido revolucionario

    Reconozco que últimamente tengo muchos días raros, quizá demasiados.

    Me resulta difícil abstraerme del desencanto general, de las 10 veces al día que oigo la palabra crisis y de tener que aguantarme rezando a diario un “Virgencita que me quede como estoy”.

    Aún sabiendo que puedo parecer egoísta, sigo quejándome y expresando lo que no me gusta, como por otra parte he hecho toda la vida. Además, lo hago conscientemente porque me niego a volverme conformista y a que la “situación” me impida tener aspiraciones para intentar cambiar las cosas que no me hacen feliz.

    El otro día, me encontré con otro alma inconformista que hizo su pequeña aportación al cambio pegando este cartel en la calle. En esta ya larga temporada de desasosiego, este tipo de gestos me parecen de lo más revolucionario, me suponen una bocanada de aire fresco que me hace sonreír cuando ya no me llega la voz al cuello y sobre todo me hacen pensar que es posible protestar de otra manera.

    Estoy segura de que quien lo pegó se fue con la media sonrisa del que se sabe ganador, con la certeza de que cada quien cogería su trocito de optimismo. Yo me llevé el mío y lo tengo guardado para los días raros en los que lo necesito. 

    Uno no se cambia al positivismo de un día para otro, pero estoy trabajando en ello.

    Gracias al desconocido revolucionario

  • Posted hace 6 meses | 2 notas

    Dublín es una ciudad a la que tengo cariño, somos amigas. Ella me trató bien cuando llegué a buscarme un poco la vida y todavía cuida de gente a la que quiero. Yo, a cambio, voy a visitarla siempre que puedo.

    Mis repetidas visitas, me han dado una visión privilegiada porque aunque soy extrajera ya no soy una extraña. Esta perspectiva, hace que me fije más en las cosas nuevas que surgen o en las que nunca cambian. Entre éstas últimas, está ese Dublín al que a veces le cuesta ir más allá de los pubs con música en directo y de las compras desaforadas en Grafton Street.

    Por suerte, si rascas un poco en esa falta de variedad, se pueden encontrar lugares con encanto y gente con otras inquietudes, con ganas de vivir otro tipo de ciudad.

    Hace un par de fines de semana tuve la oportunidad de disfrutar de unos de los walking tours que Le Cool está organizando.

    Gracias a ellos, descubrimos un precioso y minúsculo teatro, y uno de los más antiguos de Europa, donde representaron para nosotros un fragmento de Romeo y Julieta.

    Después, nos dirigimos a Capel Street donde visitamos la excéntrica exposición de Gary Farrelly titulada All roads lead to Neustern. Esta galería pop up, al igual que este tour del que hablo, se ha podido abrir gracias a la colaboración desinteresada de gente que lo apoyó a través de Fund it (crowdfunding)

     Tras la exposición, nos guiaron hacia La Hacienda, lugar donde muy probablemente no se te ocurriría entrar pero que una vez descubierto, no podrás dejar de hacer una visita para probar suerte con Shay, el dueño. Debe ser emocionante plantarte en la puerta con tu mejor sonrisa a ver si,  a través de su cámara, te deja entrar y formar parte del selecto grupo que tiene acceso.

    Muy cerca de allí se encuentra The Little Green Street Gallery, un acogedor espacio que esta vez albergaba una exposición con brillantes ilustraciones sobre la historia del Reggae.

    La última parada fue desde luego la más emotiva, porque en realidad no vistamos un lugar sino una persona. En un sótano de Middle Abbey Street, donde uno siempre sabe cuándo pasa el LUAS, trabaja desde hace un treintena de años un sastre de Zambia que se ha ganado la vida en su pequeño taller. Lo que le hace grande, no es por su puesto su trabajo diario de hormiguita pero también el proyecto solidario que llevó a cabo en su país, enseñando a coser a sus compatriotas y recaudando dinero para enviarles máquinas.

    La experiencia ha sido muy positiva y totalmente recomendable, porque no solo me ha descubierto nuevos lugares, sino que me ha reconciliado con un Dublín que últimamente me resultaba ciertamente monótono.

    Ojala la gente de Le Cool mantenga por mucho tiempo este espíritu explorador, porque no es lo mismo vivir en una ciudad, que vivirla.


    ENGLISH:

    Dublin is a city I’m very fond of, we are friends. She was good to me when I had a few prospects and she still looks after people I love. On the other hand, I visit her as often as I can.

    My many visits, have given to me a privileged view because although I’m a foreigner I am not an stranger anymore. This perspective, allows me to pay more attention to the new things happening and to the things that never change. Of the latter, is this Dublin who has problems going beyond the pubs with live music and the wild shopping spree on Grafton St.

    Luckily, just beneath the surface of this lack of variety, you can find charming places and people with other interests, who feel like living another kind of city.

    Two weekends ago, I had the opportunity to enjoy one of the walking tours that Le Cool is organizing.

    Thanks to them, we discovered a lovely tiny theater, and one of the oldest in Europe, where they put on a piece of Romeo and Juliette.

    Then, we went to Capel St. where we visited the Gary Farrelly eccentric exhibition, called All roads lead to Neustern. This pop up gallery, just like this tour I’m talking about, could open thanks to the selfless collaboration of people who supported it through Fun it (crowdfunding).

    After this exhibition, they guided us to La Hacienda, a place you would be unlikely to think of walking into but once you discover it you’ll have to visit it to take your chances with the owner, Shay.

    It has to be exciting to stand at the door with your best smile to see if, through his camera, he lets you in and lets you to be part of the select group with access to the pub.

    Very close by is The Little Green Street Gallery, a cozy space that this time had an exhibition with amazing illustrations about the history of Reggae.

    The last stop, was by far the most moving, because we didn’t actually visit a place, we visit a person. In a Middle Abbey St. basement, where you always know when the LUAS is passing by, a tailor from Zambia has been working for thirty years earning a living in his small shop.

    What makes him great, it is not just his everyday hard work but the project of solidarity he undertook to teach his fellow Zambians to sew and collect money to send them sewing machines.

    The experience was very positive and completely recommendable, because not only did it show me new places, but I also reconciled me with a Dublin who lately has seemed to me quite repetitive.

    I hope the people at Le Cool keep up with their explorer spirit for a long time because it is not the same to live in a city, as is it to live it.

     

  • Posted hace 6 meses | 19 notas

    Tener que hacer cualquier actividad intelectual en fin de semana me da siempre mucha pereza, me cuesta arrancar, pero si además la actividad es trabajo pendiente, la casa se me echa encima.

    Para espantar esta desidia, he intentado buscar lugares donde poder trabajar y no sentir que estoy “castigada” sin salir.
    Hay varias cafeterías que me han funcionado, te dejan enchufar el portátil y tienen wifi gratis, pero siempre entra un grupito de gritones y  se me acaba la concentración.

    Un día, sin buscarlo, encontré en el Matadero el espacio perfecto para tirarme horas liada con mis cosas, el Terrario. Tiene luz natural, enchufes, wifi, silencio,  periódicos, agua fresca y tumbonas…

    ¿Qué más se puede pedir?

  • Posted hace 6 meses | 3 notas

    Llegamos a Miami en los últimos días de una de las muchas tormentas tropicales que pasan por Florida durante el verano.

    A las 11 de la mañana empezó a llover a mares y no paró hasta el atardecer. Con este parte meteorológico, no nos quedó más remedio que buscar planes que nos permitieran ver la ciudad en coche. Según la guía, los cayos parecían una buena opción.

    Cayo Vizcaino fue nuestro primer destino y un recóndito chiringuito, de muy buena comida cubana, nuestra primera parada. Un poco después, por fin dejó de llover y consultamos de nuevo la guía en busca de un lugar especial donde tomar nuestra primera cerveza en la ciudad.

    En un destacado aparecía Jimbo’s Place con un titular que decía: “The happiest place on earth”. La descripción del lugar, muy al estilo The New York Times reseñando a Lola Flores, nos dejó intrigados. ” Es un bar …no, es un restaurante de parilla…no, es un chill out…no… pero no existe un lugar tan único y auténtico”

    Pasamos de Cayo Vizcaino a la isla de al lado, Cayo Virginia. Un guardia desde una garita nos hizo detenernos (toda la zona es Parque Nacional y está vigilada).

    - ¿Dónde vais?
    - A Jimbo’s. 
    - Frunce el ceño y  nos dice: Pasad, pero no quiero veros luego por ahí, ¿entendido?
    - Yes, Sir…

    Continuamos y en un par de minutos encontramos un que cartel rezaba:
    Jimbo’s Place. Cerveza. Pescado Ahumado. Cigarrillos.

    Un vistazo rápido desde el coche y ya algo parecía raro… casetas destartaladas, gatos merodeando, gente medio tirada escuchando música en un radiocassette… Desde luego no era el sitio que esperábamos pero ya que estábamos allí y la guía lo recomendaba…

    Dimos una vuelta, nos acercamos hasta el embarcadero y enseguida nos recibió un hombre ofreciéndonos cerveza por el precio de “la voluntad”. Extrañados pero intrigados por saber en qué momento este lugar tuvo tanta gloria y encanto como describían en la guía, fuimos preguntando a aquel hombre pensando que el era Jimbo. Nos explicó que él sólo cuidaba el sitio porque Jimbo es un señor de 84 años que, aunque todos los años celebra su cumpleaños allí por todo lo alto, ya no está para esos trotes.

    Le dijimos que si era consciente de que el lugar aparecía recomendado en la Lonely Planet a nivel mundial y nos contestó que por supuesto estaba al corriente y que aunque llevaba 5 años cerrado figuraba destacado porque había sido set de rodaje de Flipper, Miami Vice, Ace Ventura, entre otros, y el mejor sitio de Miami durante muchos años.

    La sensación al marcharnos, no antes de que aquel hombre me bendijera y me terminara la cerveza, fue de necesitar asimilar aquella situación durante un rato.

    Y la única conclusión a la que he llegué es: que es el sitio perfecto para salir en las noticias. Ya veía el titular…

    “Dos españoles acuden a la policía, vistiendo sólo ropa interior, al ser desplumados en el sitio más feliz de la tierra”

  • Posted hace 7 meses | 19 notas

    Y la luz se volvió a encender en el Hostal Delvi.

    En los lavabos crecieron cactus, las camas abrazaron objetos extraños, los pasillos guardaron imágenes de lugares lejanos y en la recepción unos ancianos bellísimos esperaban pacientemente a los nuevos huéspedes.

    Unos huéspedes sin maletas, que iban y venía descubriendo habitaciones vestidas de color y desconcierto con ilustraciones, fotografías e instalaciones de una cuidada selección de creadores.

    Así fue Capetown II, breve en la duración pero intenso en creatividad y ambiente participativo de artistas y visitantes.

    El formato que eligieron los organizadores no era nuevo, pero es ya una fórmula de éxito asegurada en algunos eventos culturales que están surgiendo en los últimos años*.

    Buscaron un lugar inesperado, crearon atmósfera de intercambio de ideas, ambiente de encuentro en casa con amigos y dos días después se marcharon casi con lo puesto.

    Precisamente por su fugacidad, tienen tanta aceptación este tipo de eventos. Son en ese momento, un poco después te lo habrás perdido y aunque se vuelva a repetir el próximo año tendrá otro espíritu y otra intención.

    Ese es el encanto de lo efímero.


    *Nomada Market. Pecha Kucha. Live in the living. What happens When. Speed Shows.



Everyday I find uncommon places, different situations and very special people just walking along the street. This blog will put all these things and my thoughts together.